Tuesday, October 22, 2024

MACHO VS. "MACHISMO"


Qué es “machismo” 

El discurso contemporáneo actual presenta algo llamado “machismo” como una patología moral del hombre —mal tóxico que debe ser “curado”, “expulsado” del cuerpo individual y social. 

En esta fórmula, el sujeto “machista” (observe mi entrecomillado) aparece como anomalía. Saben que en filosofía debemos definir las cosas para discutirlas. 

De acuerdo con el diccionario, ¿Machismo no viene de macho? 

Y originalmente, la palabra macho significaba ¿qué? Definición: 


Mi tesis: “machismo” ha devenido "culpa por asociación" .

Tradicionalmente macho = hombre. Sinónimos. 

¿Quién inventó eso? Nadie lo sabe. Las palabras nos llegan por arte de magia social. El célebre geneticista inglés Richard Dawkins lo llama meme.

¿Cuáles son las cualidades de un macho? 

Las cualidades de mi padre y de tu padre, de mi abuelo y de tu abuelo. Las cualidades del hombre ejemplar. 

De acuerdo con Aristóteles: responsabilidad, honor, lealtad, valentía, autocontrol, respeto, generosidad, amistad. 

No sé por qué me parece que “machismo” tiene muy poco que ver con el macho. 

Lo que quiero decir es que “machismo” es una especie de derogación de la definición anterior. 

¿Quién y cuándo se hizo la derogación? 

Con la segunda ola del feminismo, el machismo adoptó su significado actual: la definición de ideología que sostiene la superioridad del hombre sobre la mujer. La palabra se adoptó internacionalmente y pasó a utilizarse de manera generalizada en la cultura popular y las ciencias sociales para calificar, denunciar y condenar conductas sexistas y de sumisión femenina. 

Desde esa derogación, el “machismo” deja de ser una forma de organización social tradicional y cultural y se convierte en un “defecto” del carácter. 

Veamos. El Diccionario de la Real Academia Española (RAE), autoridad en la lengua española, define machismo como: 1. “Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres” y 2. “Forma de discriminación sexista caracterizada por la prevalencia del varón”. 

La prepotencia hacia una mujer va en contra de los ideales de galantería de nuestra cultura. 

Queda la definición #2:  ¿Qué significa “discriminación sexista”? 

Discriminar significa trato desfavorable. 

¿Por qué un hombre caballeroso y honorable ha de "desfavorecer" a una mujer? 

Desfavorecer a una mujer no es de hombre.

La idea de “machismo” 

Machismo tóxico / masculinidad sana —pertenecen al mismo marco disciplinario: definir el género como polos morales y no como posiciones relacionales. 

Aquí veo un problema. Al condenar el “machismo” (visto como la actitud masculina “tóxica”), caemos en el discurso de la lógica binaria que lo engendró: 

pureza/impureza, 
razón/pasión, 
civilización/barbarie. 

¿Para quién lo masculino puede ser síntoma de crisis? 

Propongo que, en lugar de leer el “machismo” como una especie de virus que corrompe lo social, se entienda como síntoma de una crisis de la masculinidad moderna. 

La crisis de la masculinidad moderna

Con la erosión de la tradición de los siglos XIX y XX —padre, nación, trabajo, fuerza— se han erosionado sin que surjan nuevos modos de ser. 

Lo tóxico no sería una esencia del machismo, sino la manifestación de una desorientación simbólica en la que los hombres buscan sentido en estructuras en ruinas. 

El problema no es que ciertos hombres sean “tóxicos”, sino que los modos de subjetivación masculina siguen inscritos en un sistema simbólico que asocia valor, fuerza y dominio con la virilidad. Llamarlo “tóxico” puede aliviar la conciencia moral de algunos, pero no explica el mecanismo histórico que lo reproduce. 

Hoy por hoy, un joven de 25 años, casi de su edad, no puede sostener la figura del “padre proveedor” ni la del “hombre de éxito”. Vive ahora entre la nostalgia de una virilidad industrial del siglo XX —el taller, el uniforme, la seguridad del salario— y la impotencia ante una economía líquida poscapitalista que lo reduce. 

El resentimiento que algunos transforman en agresividad —el llamado “antifeminismo” o “rechazo al progresismo”— no proviene de una esencia “tóxica”, sino de la pérdida de coordenadas simbólicas que daban sentido a la masculinidad. 

El fracaso del modelo paterno 

En sociedades donde la autoridad del padre ha sido minada —por la disolución familiar, el descrédito del Estado, la crisis educativa— muchos jóvenes crecen sin figuras masculinas. 

El resultado no es emancipador. En ausencia de un padre real o simbólico, el joven no encuentra el “tú” al que oponerse para afirmarse. Por tanto, queda suspendido entre la infancia prolongada y la caricatura del poder. 

Esa falta se sustituye por figuras mediáticas de autoridad viril: influencers, youtubers, streamers, coaches que prometen recuperar “la energía masculina perdida” a través del gimnasio, la disciplina o el dinero. Pseudopadres digitales, reciclajes del viejo patriarcado. 

La sentimentalidad fragmentada 

La educación emocional contemporánea, atravesada por el consumo rápido de vínculos (redes, dating apps), produce una masculinidad emocionalmente analfabeta, incapaz de sostener el afecto más allá del intercambio inmediato. No se trata del macho que “no llora”, sino del joven que no sabe cómo darle sentido a su llanto ni cómo integrar la vulnerabilidad sin sentirse degradado. El resultado no es la liberación, sino una soledad performativa, desvinculada de la empatía real. 

El vacío simbólico del heroísmo 

Durante décadas, la cultura ha ofrecido mitologías del hombre como héroe o protector (desde el soldado hasta el deportista). 

Hoy, esas figuras se perciben como sospechosas o ridículas. 

Pero no se ha generado aún una narrativa alternativa. En ese vacío emergen parodias de la masculinidad heroica: los discursos de autoafirmación extrema, los foros de “incels”, los grupos que mezclan misoginia con victimismo. No buscan tanto dominar como sentirse significativos en un mundo donde el valor se mide por la visibilidad y los likes. 

La llamada “toxicidad” masculina no es el denominador común de nuestra cultura latina. La gran mayoría de mis estudiantes varones son buenos.

Aquí les dejo un bello poema, El machete, 
de Nicolás Guillén, poeta mulato cubano.

Machete, ¡macho de hierro! 
Machete, macho y varón. 
En el monte y la sabana, 
siempre fuiste el más galán; 
cuando suena tu canción,
canta el alma del barrigón. 
 Machete, ¡macho de hierro! 
¡macho de canto y tambor! 
En tus filos relampaguea 
la ira de mi nación. 
Cuando el amo se levanta para gritarme traidor, 
yo levanto mi machete y le corto la razón. 
Machete, ¡macho de hierro! 
Machete, macho y varón. 
En el monte y la sabana, 
libre nació tu canción.

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